Otra forma más de optimizar el embarque de pasajeros en los aviones

Los amantes de la optimización se desesperan en los aeropuertos: a las interminables colas para pasar cada uno de los controles y puertas hay que unir la ineficacia del embarque y desembarque en los propios aviones. Porque, ¿de qué sirve viajar a 1.000 kilómetros por hora si el avión se pasa luego media hora rodando, cinco minutos parado en el finger y necesitamos otra media hora para recoger las maletas?

Unos investigadores de Pekín han dedicado algún tiempo a buscar nuevos métodos que permitan lograr algo más eficiencia en una actividad cotidiana en la que millones de personas pierden otros tantos millones de horas en aeropuertos de todo el mundo. Pero no son los pioneros: hace ya algunos años un investigador del Fermilab analizó también el problema del embarque de pasajeros, concluyendo con algunas ideas ingeniosas aunque poco prácticas.

El sentido común dice que existen básicamente dos formas de embarcar a la gente: o bien aleatoriamente (cada persona busca su asiento) o bien por filas, como se hace en algunos trayectos y sobre todo en aviones grandes: un 747 puede transportar más de 500 pasajeros; un Airbus 380 más de 800. En ambos casos los problemas surgen por los atascos que se producen en los pasillos mientras la gente encuentra su asiento, coloca el equipaje de mano o simplemente porque hay individuos más ágiles y rápidos que otros.

El método aleatorio es bastante ineficiente, pero se usa a menudo, especialmente en aviones pequeños y medianos – normalmente con la excepción de dejar pasar primero a las familias con niños, a los de primera clase y a los que tienen necesidades especiales. Para embarcar más de unos pocos cientos de personas es bastante más eficiente llamar a los pasajeros por grupos de filas, haciendo entrar primero a los que van más al fondo, de modo que se muevan rápido y no atasquen los pasillos.

Los análisis del investigador del Fermilab incluían fórmulas como embarcar primero a los pasajeros de ventanilla, luego a los del centro y luego a los de pasillo, e incluso algo más complicado como repartir por bloques a la gente: los de las filas pares e impares de uno y otro lado de forma alterna. De este modo se “molestan” menos entre sí y según las simulaciones el resultado es mejor.

La propuesta que llega ahora desde Pekín es más matemática y tecnológica todavía: analizar individualmente la capacidad y necesidades individuales de cada pasajero. El trabajo completo se ha publicado con el título “An aircraft boarding model accounting for passengers’ individual properties“.

Así cada pasajero tiene una “velocidad máxima” peculiar de desplazamiento por los pasillos y unas necesidades según su equipaje: los ancianos suelen ser más lentos que los jóvenes y alguien sin equipaje de mano será más ágil que alguien con una maleta de mano y un bolso. Como en los juegos de rol, cada individuo tiene su “factor de agilidad”. Incluso tuvieron en cuenta el tiempo que unas personas requieren para entregar su tarjeta de embarque en la puerta.

El resultado matemático de tanto análisis es que si se conoce esa velocidad de cada una de las personas se pueden “empaquetar” en el avión de forma óptima. Y la forma de analizarlo comienza en los mostradores de facturación y las puertas de embarque: mediante dispositivos electrónicos que analizan la movilidad del equipaje de mano y en qué grupo puede encuadrarse a la persona (ágiles o lentos). Teniendo todo esto en cuenta… ¡Voilà! Se llega a la solución matemáticamente perfecta.

Si esa fórmula existe, ¿se pondrá alguna vez en marcha? De momento ninguna aerolínea se ha atrevido a hacerlo. Por un lado, puede ser complicado añadir más tecnología y seleccionar a la gente; por otro, normalmente son los pasajeros los que eligen el asiento –por ejemplo, en las compras a través de Internet– y lo prefieren a que les sean asignados de antemano.

El caso es que si la gente aceptara este novedoso sistema de optimización de los embarques se evitarían muchos de los problemas que surgen por saltarse las colas, cambiar de asiento o equivocarse de fila. Todos ganaríamos unos preciosos minutos que seguramente supondrían muchos millones de horas al cabo del año para la humanidad. Pero claro: somos humanos y también un poco cabezotas, y no siempre lo que es óptimo en teoría nos gusta en la práctica.

Foto | On the way home from Miami (CC) Ruthanne reid @ Flickr

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