La mente nos la juega de nuevo: un precio nos parece más caro si está bien escrito

precios

En el colegio, no se vosotros, pero a mi siempre me repetían que era importante escribir bien los números para saber siempre a qué nos referimos. Por ejemplo, los años no llevan puntuación (“año 2000″, pero “cuesta 2.000 euros”). Los decimales van detrás de una coma, y si hablamos de un precio debemos escribir 11.982,23 euros (por poner un precio). Sin embargo, en Estados Unidos han descubierto que la forma en la que se escribe un precio, e incluso la forma en la que se dice el precio puede influir en la percepción del comprador sobre si es caro o barato.

Recalco Estados Unidos porque allá los precios se pueden leer de la manera tradicional “one thousand, three hundred and sixty”, o bien de la forma abreviada: “thirteen sixty”. Ahí resulta evidente cuál parece más caro, aún siendo exactamente el mismo precio, ¿verdad? Pensaréis que esto no tiene nada de ciencia, pero todo lo contrario: la percepción del cliente ante un precio es estudiada al detalle por los expertos, ya que cualquier mejora en la capacidad de atraer consumidores es puro beneficio.

¿Escribir bien o escribir mal?

Los céntimos, la puntuación, hasta la divisa está puesta en duda por los estudiosos de la percepción del cliente. ¿Os habéis fijado en algunas cartas de restaurante? ¿Esas en las que el menú no vale “10 €”, sino “10.-”? La razón es psicológica también. La divisa nos confunde, o nos lleva a ver, realmente, que estamos hablando de euros contantes y sonantes.

No es lo mismo ver “6″ en un ticket, que “6,00 €”. Igualmente, no es lo mismo cobrar “9″ que “8.99″. El segundo precio es prácticamente igual, pero visualmente “no lleva a nueve”. “0,99″ no llega a un euro, una cantidad que consideramos suficientemente pequeña (aunque en realidad no lo es), así que 0,99 es “menos que esa cantidad suficientemente pequeña“.

Me permito reproducir esta imagen de la fuente:

¿Qué os sugiere? El precio es el mismo, pero ¿cuál os sienta mejor? En nuestro país no hay tanta influencia en cómo escribamos el precio porque 22.000,12 euros son los mismos que 22000,12, se pronuncian igual. ¿Qué observamos aquí? Que puedes comprarte un coche por tan solo 99 euros al mes. Tratamos de acercar al público que adquirir un producto le va a suponer un coste moderado con el que mucha gente puede sin demasiado esfuerzo. Las estrategias van siempre enfocadas al plano psicológico, a conseguir que a los consumidores los precios no nos suenen altos, sino asequibles.

Sea escribiendo de otra forma el precio, o fraccionándolo en inocentes mensualidades (sí, con su letra pequeña, pero asequibles mensualidades al fin y al cabo), lo cierto es que a los consumidores siempre intentan hacernos ver que nuestro dinero hay que gastarlo. Lo que añadimos nosotros es: “sí, pero con el cerebro activado”.

Vía | Neurosciencemarketing
Foto | puuikibeach

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