Cómo calcular el valor del dinero en el pasado

El valor del dinero es un tanto relativo. Aunque a veces parece inmutable –sobre todo cuando mes tras mes te ingresan exactamente la misma cantidad en la nómina de la cuenta del banco– lo cierto es que con el paso del tiempo la mayor parte de las cosas que compras y los servicios de los que disfrutan resultan más caras –aunque a veces la tendencia se invierte y otras cosas se vuelven más baratas.

Y si hablamos del dinero de épocas pretéritas, ¿qué decir? Es casi inimaginable calcular a qué equivalían aquellas 1.500 de las antiguas pesetas que algún abuelete pagó por un estupendo piso en una “nueva” zona de la ciudad hace un siglo; los 200 euros de un trabajo a tiempo parcial de hace una década o los 24 dólares con los que dicen se compró el terreno de la isla de Manhattan en 1626 a los indios que vivían allí.

Esta dificultad se da todavía hoy en día en muchas noticias y comentarios, desde las ondulaciones del precio de las viviendas a los famosos “récords” cada vez que sube la gasolina o el petróleo. El asunto clave es comprender cómo funciona la inflación, que es el nombre que recibe el incremento generalizado y sostenible de los precios con el tiempo (hay otro factor relevante son los tipos de interés, pero nos centraremos solo en el primero). Si se examina esto “al revés”, resulta que antiguamente el precio de las cosas cada vez era más y más bajo –aunque también los salarios, claro.

Para quienes no quieran hacerse un curso completo de economía, baste entender que en condiciones normales los países tienen inflaciones de una magnitud de “una cifra” cada año: entre el 0% y el 9%. El dato exacto suele calcularse como el IPC (Índice de Precios al Consumo) que es una forma de comparar situaciones reales: lo que cuesta una “cesta de la compra” de un ciudadano promedio respecto al mes o al año anterior. En la práctica, esto es una lista en la que va el precio del pescado, la leche, las entradas de cine, el billete de metro, los alquileres o el coste de la electricidad, por ejemplo. Es una aproximación realista y permite hacerse una idea de cuándo varía realmente la inflación (también es bastante manipulable, pero eso es otra historia).

Respecto a cómo nos ha afectado la inflación a lo largo de los años y de los siglos, diversas entidades en cada país mantienen tablas con los datos oficiales. Con esos datos se puede averiguar a cuánto dinero “actual” equivale el dinero “antiguo”. Son las llamadas Calculadoras de inflación y funcionan en ambos sentidos: te dicen a cuánto equivale en dinero actual el dinero antiguo o qué podrías comprar antiguamente con cierta cantidad de dinero actual.

Esta Calculadora en dólares, por ejemplo, tiene datos desde 1800 (para remontarse más allá hay que buscar en libros y otras fuentes históricas), de modo que basta introducir los valores. Por ejemplo, por un paquete de café se pagaban 0,25 dólares en 1900; hoy ese dinero equivaldría –más o menos– a pagar 6,50 dólares. Esta calculadora es muy útil para comprobar por ejemplo si un barril de petróleo a 40 dólares en un momento de la historia (2004) era más caro o más barato relativamente que otro, por ejemplo, a 30 dólares de 1986. En este caso resulta que esos 30 dólares se convierten en unos 60 pasadas un par de décadas, por efecto de la inflación.

En el Instituto Nacional de Estadística mantienen una Calculadora de variación del IPC con datos para España desde 1961. El resultado es un porcentaje y la interpretación es similar. Por ejemplo, ir ahora al cine cuesta nominalmente cerca de un 2.200% más que en 1967: los precios se han multiplicado por 22 veces –aunque los salarios también han subido desde entonces. Si hoy en día el precio de una entrada son unos 8 euros entonces podemos calcular que equivaldrían a unos 0,35 euros (unas 60 pesetas) de 1967. Pero esto no es siempre exacto: en realidad sabemos por los libros y los abueletes que esas entradas en concreto costaban algo menos (unas 15 pesetas). Así que hay que tener en cuenta que ciertos bienes o servicios varían algo respecto a la media por las leyes de oferta-demanda, los impuestos y otras circunstancias. No es cien por cien exacto, pero suele ser una buena aproximación.

Una buena regla suele ser comparar los precios de cada época con los salarios de aquel momento, por ejemplo, el salario mínimo por hora trabajada o el sueldo mensual o anual promedio. Siguiendo con el ejemplo de 1967 podemos averiguar buscando por ahí que el salario mínimo eran 12 pesetas la hora, así que ir al cine costaba más o menos lo mismo que una hora de trabajo. Hoy en día, ese salario mínimo es más o menos de 5 euros/hora, pero la entrada de cine cuesta casi el doble, 8 o 9 euros.

Todas estas circunstancias pueden verse desvirtuadas cuando los países atraviesan épocas de inflación altas o incluso de hiperinflación; en ocasiones llegan a cambiar de moneda o se dan circunstancias excepcionales. A veces ocurre que no hay datos históricos o están muy desvirtuados. No es una ciencia exacta, pero conocer sus bases ayuda a entender mejor algunas de las menciones al “dinero del pasado” en su contexto, e incluso a afinar una aproximación a datos que de otro modo sería complicado comprobar.

Foto | Money (CC) Emilian Robert Vicol @ Flickr

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