Cuando el descontento se hace contagioso

Como consumidores, ¿cuántas veces nos hemos sentido inmersos en una ola de descontento que no sabemos por dónde llegó? ¿Alguna vez te has sentido influido por otra persona hasta el punto de poner una queja sobre algún producto o servicio? O a lo mejor no poner una queja, pero sí evitar consumir ese producto o utilizar ese servicio.

Pues bien, eso tiene una explicación muy sencilla, y es que el descontento y las quejas son contagiosas. Y creo que es algo que todos experimentamos, pero posiblemente de forma inadvertida. Para darnos cuenta, preguntémonos: ¿Cuál es nuestra reacción si vamos a comprar en Internet y vemos una página llena de quejas sin responder?

La razón es que las quejas que no han sido satisfechas generan desconfianza. Es imprescindible que quien crea y vende el producto u ofrece el servicio, sepa llevar bien las críticas. Muchas veces las cosas se resuelven con una disculpa, otras se resuelven con una satisfacción (devolución del dinero, cambio por artículo de similar importe, cupones descuento, trato preferente).

Si yo leo una crítica y no veo contestación, dicha crítica me parecerá fundada; si leo una crítica y leo una contestación razonada y que soluciona el problema, mi confianza en esa marca, proveedor… sube muchos puntos. Es así de sencillo, ¿por qué determinados sitios lo hacen tan complejo? ¿Cuál es tu opinión al respecto, de qué sitios te fías más?

Foto | locofotocuba66

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